EL PUNTO AL FINAL DE CADA HISTORIA



Mi entrevistado me hablaba de la pareja y los vínculos, de las peleas y desencuentros y ciertos momentos irreparables. Y en un momento sentenció: “A fin de cuentas, de lo único que no se vuelve es de la muerte”. 
Un tanto condescendiente, en ese momento asentí, pero honestamente la premisa me dejó pensando. Hoy creo que no. Y aunque no lo quisiera como tal, creo que hay ciertas circunstancias sin retorno, momentos en los que un pequeño vidrio roto hace todo trizas, y ya no hay solución posible. 
Es esa discusión en la que ambos terminan callados, y no existe siquiera el intento de recomponer las cosas. En las que se han dicho los adjetivos más horrorosos e hirientes, y aún así el final es mudo. Y en ese silencio compartido ya ni siquiera hay tensión, porque al fin y al cabo lo cierto es que no importa
Cuando ignorar es la mejor respuesta, el daño es irreparable. Si da lo mismo pelear que ceder, entonces lo mejor es no hacer ni uno ni otro. 

Lo mejor, en ese caso, es hacer las valijas.

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